Ese inglés que crees haber olvidado sigue ahí

16 Sep, 2026
Ese inglés que crees haber olvidado sigue ahí

Septiembre tiene algo de enero, pero con mejor tiempo. Estrenamos agendas, reorganizamos horarios y recuperamos esa lista mental de cosas que llevamos meses —a veces años— prometiéndonos hacer. Volver al gimnasio. Leer más. Comer mejor. Retomar el inglés.

Con el inglés ocurre, además, algo curioso. Quien lleva mucho tiempo sin utilizarlo suele describir su situación con una contundencia sorprendente: «No me acuerdo de nada». «Lo he perdido todo». «Tendría que empezar desde cero». Da igual que estudiara durante diez años en el colegio, que aprobara exámenes, que viajara al extranjero o que hace tiempo pudiera mantener una conversación razonable. Después de unos cuantos años sin practicar, la sensación puede ser la misma: aquello desapareció 💨.

Pero ¿desapareció realmente?

La investigación sobre el olvido de una segunda lengua lleva décadas mostrando una realidad bastante más interesante. Cuando dejamos de utilizar un idioma, parte de lo aprendido se vuelve difícil de recuperar, algunas palabras parecen borrarse y perdemos velocidad al hablar. Sin embargo, olvidar no equivale necesariamente a volver al punto de partida. Buena parte de ese inglés puede seguir ahí, menos accesible que antes, esperando determinadas pistas para reaparecer.

Y eso cambia bastante la forma de plantearse el regreso.

 

 

¿Por qué parece que hemos olvidado todo el inglés?

 

Hay una escena bastante reconocible para cualquiera que haya estudiado un idioma y haya dejado de utilizarlo. Alguien te hace una pregunta sencilla en inglés. Sabes que conoces la respuesta. Incluso sabes que conoces la palabra exacta que necesitas. Pero no aparece 🤯.

Unos segundos después, otra persona la dice y la reconoces inmediatamente.

Esa diferencia entre reconocer algo y ser capaz de recuperarlo por nosotros mismos explica parte de la frustración que sentimos al volver a un idioma. El vocabulario es especialmente vulnerable: encontrar una palabra concreta a la velocidad que exige una conversación resulta mucho más difícil que comprenderla cuando la escuchamos o la leemos. Por eso podemos tener la sensación de haber perdido muchísimo más inglés del que realmente hemos olvidado.

También cambia nuestra fluidez. Hablar exige hacer muchas cosas prácticamente al mismo tiempo: encontrar palabras, construir frases, elegir tiempos verbales, pronunciar y seguir pensando en lo que queremos decir. Cuando llevamos años sin hacerlo, ese mecanismo deja de ser automático. Sabemos más de lo que conseguimos demostrar.

Es una diferencia importante. No poder acceder rápidamente a un conocimiento no significa necesariamente que ese conocimiento haya desaparecido.

 

 

El inglés que permanece aunque no lo utilices

 

Lo más llamativo aparece cuando volvemos a exponernos al idioma. Una canción que hacía años que no escuchábamos. Una expresión de una serie. Una estructura gramatical que creíamos olvidada. 💡 De pronto surge esa extraña sensación de familiaridad: esto me suena…

No todo lo aprendido se deteriora de la misma manera ni al mismo ritmo. Las palabras poco utilizadas pueden resultar difíciles de recuperar mientras determinadas estructuras, sonidos o conocimientos adquiridos durante años permanecen mucho más resistentes. Influyen el nivel que alcanzamos, cuánto tiempo utilizamos el idioma, la frecuencia con la que seguimos encontrándonos con él y, por supuesto, cuánto tiempo ha pasado.

Además, hoy resulta difícil abandonar completamente el inglés. Aunque no nos sentemos a estudiarlo, aparece en canciones, películas, redes sociales, videojuegos, trabajo, tecnología o viajes. Esa exposición quizá no baste para seguir avanzando, pero hace que para muchas personas la frontera entre «usar inglés» y «no usarlo» sea bastante menos clara de lo que era hace unas décadas.

Por eso dos personas que aseguran llevar diez años sin estudiar pueden encontrarse en situaciones completamente diferentes. Y por eso también resulta tan poco útil decidir de antemano: «Tengo que volver a empezar de cero».

 

 

Recuperar un idioma no es lo mismo que aprenderlo por primera vez

 

Aquí llega probablemente la mejor noticia para quien se enfrenta al inglés después de años de abandono: reaprender no suele ser empezar otra vez.

Al volver a trabajar con contenidos que conocimos en el pasado pueden aparecer palabras, reglas y automatismos con mucha más rapidez que cuando los aprendimos por primera vez. Al principio cuesta. Después empiezan los reconocimientos: «Esto sí me acuerdo», «esto lo sabía», «ahora entiendo por qué me sonaba».

Es parecido a regresar a una ciudad en la que vivimos hace mucho tiempo. Quizá no sepamos decir el nombre de una calle ni recordar exactamente cómo llegar a un sitio, pero al doblar una esquina reconocemos una plaza. Después aparece una cafetería, un edificio, un recorrido. No conservábamos un mapa perfectamente accesible, pero tampoco habíamos perdido la ciudad entera.

 

retomar el inglés

 

Con un idioma sucede algo parecido. El conocimiento anterior puede facilitar el camino de vuelta, aunque necesite práctica para recuperar velocidad y disponibilidad. Y ahí está una de las razones por las que retomar el inglés con el nivel adecuado importa tanto. Empezar demasiado arriba puede resultar frustrante, pero hacerlo muy por debajo de lo que realmente sabemos también puede convertir las primeras semanas en una sucesión de contenidos conocidos y hacer que perdamos motivación.

 

 

Entonces, ¿qué nivel de inglés tengo después de tantos años?

 

Probablemente esta sea una pregunta mucho más útil que «¿cuánto inglés he olvidado?».

Porque nuestra propia percepción no siempre es un buen examen de nivel. Tendemos a juzgarnos por aquello que más nos cuesta: esa conversación en la que nos bloqueamos, la palabra que no conseguimos recordar o el momento en que alguien habló demasiado rápido. Y a partir de ahí concluimos que nuestro inglés es peor de lo que realmente es.

También puede suceder lo contrario. Haber obtenido un B2 o un C1 hace diez años no significa necesariamente que hoy podamos desenvolvernos con la misma soltura. El nivel que tuvimos es una información valiosa, pero no una fotografía exacta del nivel que tenemos ahora.

Por eso, cuando alguien quiere retomar el inglés, tiene mucho más sentido averiguar desde dónde parte hoy que recurrir automáticamente al último libro que recuerda haber utilizado. Una buena valoración permite detectar qué conocimientos siguen consolidados, cuáles necesitan reactivarse y dónde están las lagunas reales. A veces hace falta recuperar bastante. Otras veces, mucho menos de lo que uno imaginaba.

Y descubrir esto último suele ser un pequeño alivio.

 

 

Septiembre puede ser un comienzo, pero no necesariamente desde cero

 

Quizá por eso septiembre sea un momento tan propicio para recuperar proyectos aparcados. No porque exista ninguna obligación de reinventarse cada vez que termina el verano, sino porque vuelven las rutinas y, con ellas, un espacio que durante meses parecía imposible encontrar.

En St. George’s English Academy, en Bilbao y Leioa, septiembre es también el momento en que muchas personas llegan con esa misma duda: «Estudié inglés hace años, pero no sé qué nivel tengo ahora». Antes de incorporarse a un curso, determinar el punto de partida permite elegir un grupo adecuado y aprovechar precisamente todo aquello que sigue ahí, aunque al principio cueste reconocerlo. En St. George’s hacemos pruebas de nivel gratuitas para que puedas salir de dudas y conocer el verdadero nivel del que partes.

Lo mismo sucede con quienes quieren seguir avanzando, preparar una certificación oficial o simplemente volver a sentirse cómodos utilizando el idioma. Los años anteriores cuentan. Lo aprendido cuenta. Incluso ese inglés que ahora parece oxidado cuenta.

Así que, si este septiembre has vuelto a pensar «debería retomar el inglés», la buena noticia es que no, probablemente no tengas que empezar de cero.

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